Librodot com - 6
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El AMA se dispone a salir, pero vuelve.

AMA
Tomad este anillo que me dio para vos.
Vamos, deprisa, que se hace tarde.
ROMEO
Esto reaviva mi dicha.

Sale el AMA.

FRAY LORENZO
Vete, buenas noches, y ten presente esto:
o te vas antes que monten la guardia
o sales disfrazado al amanecer.
Permanece en Mantua. Buscaré a tu criado
y de cuando en cuando él te informará
de las buenas noticias de Verona.
Dame la mano, es tarde. Adiós, buenas noches.
ROMEO
Me espera una dicha mayor que la dicha,
que, si no, alejarme de vos sentiría.
Adiós.

^ Salen.

III.iv Entran CAPULETO, la SEÑORA CAPULETO y PARIS.

CAPULETO
Todo ha sucedido tan adversamente
que no ha habido tiempo de hablarlo con Julieta.
Sabéis cuánto quería a su primo Tebaldo;
yo también. En fin, nacimos para morir.
Ahora es tarde; ella esta noche ya no bajará.
Os aseguro que, si no fuese por vos,
me habría acostado hace una hora.
PARIS
Tiempo de dolor no es tiempo de amor.
Señora, buenas noches. Encomendadme a Julieta.
SEÑORA CAPULETO
Así lo haré, y por la mañana veré cómo responde.
Esta noche se ha enclaustrado en su tristeza.

PARIS se dispone a salir, y CAPULETO le llama.

CAPULETO
Conde Paris, me atrevo a aseguraros
el amor de mi hija: creo que me hará
caso sin reservas; vamos, no lo dudo.
Esposa, vete a verla antes de acostarte;
cuéntale el amor de nuestro yerno Paris
y dile, atiende bien, que este miércoles...
Espera, ¿qué día es hoy?

PARIS
Lunes, señor.
CAPULETO
Lunes... ¡Mmmm...! Eso es muy precipitado.
Que sea el jueves. Dile que este jueves
se casará con este noble conde.­-
¿Estaréis preparados? ¿Os complace la presteza?
No lo celebraremos: uno o dos amigos,
porque, claro, con Tebaldo recién muerto,
que era pariente, si lo festejamos
dirán que le teníamos poca estima.
Así que invitaremos a unos seis amigos
y ya está. ¿Qué os parece el jueves?
PARIS
Señor, ojalá que mañana fuese el jueves.
CAPULETO
Muy bien; ahora marchad. Será el jueves.-
­Tú habla con Julieta antes de acostarte
y prepárala para el día de la boda.­-
Adiós, señor. ¡Eh, alumbrad mi cuarto!­-
Por Dios, que se ha hecho tan tarde
que pronto diremos que es temprano. Buenas noches.

^ Salen.

III.v Entran ROMEO y JULIETA arriba, en el balcón.

JULIETA
¿Te vas ya? Aún no es de día.
Ha sido el ruiseñor y no la alondra
el que ha traspasado tu oído medroso.
Canta por la noche en aquel granado.
Créeme, amor mío; ha sido el ruiseñor.
ROMEO
Ha sido la alondra, que anuncia la mañana,
y no el ruiseñor. Mira, amor, esas rayas hostiles
que apartan las nubes allá, hacia el oriente.
Se apagaron las luces de la noche
y el alegre día despunta en las cimas brumosas.
He de irme y vivir, o quedarme y morir.
JULIETA
Esa luz no es luz del día, lo sé bien;
es algún meteoro que el sol ha creado .
para ser esta noche tu antorcha
y alumbrarte el camino de Mantua.
Quédate un poco, aún no tienes que irte.
ROMEO
Que me apresen, que me den muerte;
lo consentiré si así lo deseas.
Diré que aquella luz gris no es el alba,
sino el pálido reflejo del rostro de Cintia . ,
y que no es el canto de la alondra
lo que llega hasta la bóveda del cielo.
En lugar de irme, quedarme quisiera.
¡Que venga la muerte! Lo quiere Julieta.
¿Hablamos, mi alma? Aún no amanece.
JULIETA
¡Si está amaneciendo! ¡Huye, corre, vete!
Es la alondra la que tanto desentona
con su canto tan chillón y disonante.
Dicen que la alondra liga notas con dulzura:
a nosotros, en cambio, nos divide;
y que la alondra cambió los ojos con el sapo .:
ojalá que también se cambiasen las voces,
puesto que es su voz lo que nos separa
y de aquí te expulsa con esa alborada.
Vamos, márchate, que la luz ya se acerca.
ROMEO
Luz en nuestra luz y sombra en nuestras penas.

Entra el AMA a toda prisa.

AMA
¡Julieta!
JULIETA
¿Ama?
AMA
Tu madre viene a tu cuarto.
Ya es de día. Ten cuidado. Ponte en guardia.

[Sale.]

JULIETA
Pues que el día entre, y mi vida salga.
ROMEO
Bien, adiós. Un beso, y voy a bajar.

Desciende ..

JULIETA
¿Ya te has ido, amado, esposo, amante?
De ti he de saber cada hora del día,
pues hay tantos días en cada minuto...
Ah, haciendo estas cuentas seré muy mayor
cuando vea a Romeo.
ROMEO [abajo]
¡Adiós! No perderé oportunidad
de enviarte mi cariño.
JULIETA
¿Crees que volveremos a vernos?
ROMEO
Sin duda, y recordaremos todas nuestras penas
en gratos coloquios de años venideros.
JULIETA
¡Dios mío, mi alma presiente desgracias!
Estando ahí abajo, me parece verte
como un muerto en el fondo de una tumba.
Si la vista no me engaña, estás pálido.
ROMEO
A mi vista le dices lo mismo, amor.
Las penas nos beben la sangre .. Adiós.

Sale.

JULIETA
Fortuna, Fortuna, te llaman voluble.
Si lo eres, ¿por qué te preocupas
del que es tan constante? Sé voluble, Fortuna,
pues así no tendrás a Romeo mucho tiempo
y podrás devolvérmelo.

Entra la SEÑORA CAPULETO.

SEÑORA CAPULETO
¡Hija! ¿Estás levantada?
JULIETA
¿Quién me llama? Es mi madre.
¿Aún sin acostarse o es que ha madrugado?
¿Qué extraño motivo la trae aquí ahora?

^ Baja del balcón y entra abajo.

SEÑORA CAPULETO
¿Qué pasa, Julieta?
JULIETA
No estoy bien, señora.
SEÑORA CAPULETO
¿Sigues llorando la muerte de tu primo?
¿Quieres sacarle de la tumba con tus lágrimas?
Aunque pudieras, no podrías darle vida,
así que ya basta. Dolor moderado indica amor;
dolor en exceso, pura necedad.
JULIETA
Dejadme llorar mi triste pérdida.
SEÑORA CAPULETO
Así lloras la pérdida, no a la persona.
JULIETA
Lloro tanto la pérdida que no puedo
dejar de llorar a la persona.
SEÑORA CAPULETO
Hija, tú no lloras tanto su muerte
como el que esté vivo el infame que le mató.
JULIETA
¿Qué infame, señora?
SEÑORA CAPULETO
El infame de Romeo.
JULIETA [aparte]
Entre él y un infame hay millas de distancia. 
[A la SEÑORA CAPULETO]
Dios le perdone, como yo con toda el alma.
Y eso que ninguno me aflige como él.
SEÑORA CAPULETO
Porque el vil asesino aún vive.
JULIETA
Sí, señora, fuera del alcance de mis manos.
¡Ojalá sólo yo pudiera vengar a mi primo!
SEÑORA CAPULETO
Tomaremos venganza, no lo dudes.
No llores más. Mandaré a alguien a Mantua,
donde vive el desterrado, y le dará
un veneno tan insólito que muy pronto
estará en compañía de Tebaldo.
Supongo que entonces quedarás contenta.
JULIETA
Nunca quedaré contenta con Romeo
hasta que le vea... muerto...
está mi corazón de llorar a Tebaldo.
Señora, si a alguien encontráis
para que lleve un veneno, yo lo mezclaré,
de modo que Romeo, al recibirlo,
pronto duerma en paz. ¡Cuánto me disgusta
oír su nombre y no estar cerca de él
para hacerle pagar mi amor por Tebaldo
en el propio cuerpo que le ha dado muerte!
SEÑORA CAPULETO
Tú busca los medios; yo buscaré al hombre.
Pero ahora te traigo alegres noticias.
JULIETA
La alegría viene bien cuando es tan necesaria.
¿Qué nuevas traéis, señora?
SEÑORA CAPULETO
Hija, tienes un padre providente
que, para descargarte de tus penas,
de pronto ha dispuesto un día de dicha
que ni tú te esperabas ni yo imaginaba.
JULIETA
Muy a propósito. ¿Qué día será?
SEÑORA CAPULETO
Hija, este jueves, por la mañana temprano,
en la iglesia de San Pedro, un gallardo, joven
y noble caballero, el Conde Paris,
te hará una esposa feliz.
JULIETA
Pues por la iglesia de San Pedro y por San Pedro,
que allí no me hará una esposa feliz.
Me asombra la prisa, tener que casarme
antes de que el novio me enamore.
Señora, os lo ruego: decidle a mi padre y señor
que aún no pienso casarme y que, cuando lo haga,
será con Romeo, a quien sabes que odio,
en vez de con Paris. ¡Pues vaya noticias!

Entran CAPULETO y el AMA.

SEÑORA CAPULETO
Aquí está tu padre. Díselo tú misma,
a ver cómo lo toma.
CAPULETO
Cuando el sol se pone, la tierra llora rocío .,
mas en el ocaso del hijo de mi hermano,
cae un diluvio.
¡Cómo! ¿Hecha una fuente, hija? ¿Aún llorando?
¿Bañada en lágrimas? Con tu cuerpo menudo
imitas al barco, al mar, al viento,
pues en tus ojos, que yo llamo el mar,
están el flujo y reflujo de tus lágrimas;
el barco es tu cuerpo, que surca ese mar;
el viento, tus suspiros, que, a porfía con tus lágrimas,
hará naufragar ese cuerpo agitado
si pronto no amaina. ¿Qué hay, esposa?
¿Le has hecho saber mi decisión?
SEÑORA CAPULETO
Sí, pero ella dice que no, y gracias.
¡Ojalá se casara con su tumba!
CAPULETO
Un momento, esposa; explícame eso, explícamelo.
¿Cómo que no quiere? ¿No nos lo agradece?
¿No está orgullosa? ¿No se da por contenta
de que, indigna como es, hayamos conseguido
que tan digno caballero sea su esposo?
JULIETA
Orgullosa, no, mas sí agradecida.
No puedo estar orgullosa de lo que odio,
pero sí agradezco que se hiciera por amor.
CAPULETO
¿Así que con sofismas? ¿Qué es esto?
¿«Orgullosa», «lo agradezco», «no lo agradezco»
y «orgullosa, no», niña consentida?
A mí no me vengas con gracias ni orgullos
y prepara esas piernecitas para ir
el jueves con Paris a la iglesia de San Pedro
o te llevo yo atada y a rastras.
¡Quita, cadavérica! ¡Quita, insolente,
cara lívida!
SEÑORA CAPULETO
¡Calla, calla! ¿Estás loco?
JULIETA
Mi buen padre, te lo pido de rodillas;
escúchame con calma un momento.
CAPULETO
¡Que te cuelguen, descarada, rebelde!
Escúchame tú: el jueves vas a la iglesia
o en tu vida me mires a la cara.
No hables, ni respondas, ni contestes.
Me tientas la mano. Esposa, nos creíamos
con suerte porque Dios nos dio sólo esta hija,
pero veo que la única nos sobra
y que haberla tenido es maldición.
¡Fuera con el penco!
AMA
¡Dios la bendiga! Señor,
sois injusto al tratarla de ese modo.
CAPULETO
¿Y por qué, doña Sabihonda? ¡Cállese
doña Cordura, y a charlar con las comadres!
AMA
No he faltado a nadie.
CAPULETO
Ahí está la puerta.
AMA
¿No se puede hablar?
CAPULETO
¡A callar, charlatana! Suelta tu sermón
a tus comadres, que aquí no hace falta.
SEÑORA CAPULETO
No te excites tanto.
CAPULETO
¡Cuerpo de Dios, me exaspera! Día y noche,
trabajando u ocioso, solo o acompañado,
mi solo cuidado ha sido casarla;
y ahora que le encuentro un joven caballero
de noble linaje, de alcurnia y hacienda,
adornado, como dicen, de excelsas virtudes,
con tan buena figura como quepa imaginar,
me viene esta tonta y mísera llorica,
esta muñeca llorona, en la cumbre de su suerte,
contestando «No me caso, no le quiero;
no tengo edad; perdóname, te lo suplico».
Pues no te cases y verás si te perdono:
pace donde quieras y lejos de mi casa.
Piénsalo bien, no suelo bromear,
El jueves se acerca, considéralo, pondera:
si eres hija mía, te daré a mi amigo; si no,
ahórcate, mendiga, hambrea, muérete en la calle,
pues, por mi alma, no pienso reconocerte
ni dejarte nada que sea mío.
Ten por seguro que lo cumpliré.

Sale.

JULIETA
¿No hay misericordia en las alturas
que conciba la hondura de mi pena?
¡Ah, madre querida, no me rechacéis!
Aplazad esta boda un mes, una semana
o, si no, disponed mi lecho nupcial
en el panteón donde yace Tebaldo.
SEÑORA CAPULETO
Conmigo no hables; no diré palabra.
Haz lo que quieras. Contigo he terminado.

Sale.

JULIETA
¡Dios mío! Ama, ¿cómo se puede impedir esto?
Mi esposo está en la tierra; mi juramento, en el cielo.
¿Cómo puede volver a la tierra
si, dejando la tierra, mi esposo
no me lo envía desde el cielo? Confórtame,
aconséjame. ¡Ah, que el cielo emplee sus mañas
contra un ser indefenso como yo!
¿Qué me dices? ¿No puedes alegrarme?
Dame consuelo, ama.
AMA
Aquí lo tienes:
Romeo está desterrado, y el mundo contra nada
a que no se atreve a volver y reclamarte,
o que, si lo hace, será a hurtadillas.
Así que, tal como ahora está la cosa,
creo que más vale que te cases con el conde.
¡Ah, es un caballero tan apuesto!
A su lado, Romeo es un pingajo. Ni el águila
tiene los ojos tan verdes, tan vivos y hermosos
como Paris. Que se pierda mi alma
si no vas a ser feliz con tu segundo esposo,
pues vale más que el primero; en todo caso,
el primero ya está muerto, o como si lo estuviera,
viviendo tú aquí y sin gozarlo.
JULIETA
Pero, ¿hablas con el corazón?
AMA
Y con el alma, o que se pierdan los dos.
JULIETA
Amén.
AMA
¿Qué?
JULIETA
Bueno, me has dado un gran consuelo.
Entra y dile a mi madre que, habiendo disgustado
a mi padre, me voy a la celda de Fray Lorenzo
a confesarme y pedir la absolución.
AMA
En seguida. Eso es muy sensato.

[Sale.]

JULIETA
¡Condenada vieja! ¡Perverso demonio!
¿Qué es más pecado? ¿Tentarme al perjurio
o maldecir a mi esposo con la lengua
que tantas veces lo ensalzó
con desmesura? Vete, consejera.
Tú y mis pensamientos viviréis como extraños.
Veré qué remedio puede darme el fraile;
si todo fracasa, habré de matarme.

^ Sale.

IV.i Entran FRAY LORENZO y el Conde PARIS.

FRAY LORENZO
¿El jueves, señor? Eso es muy pronto.
PARIS
Así lo quiere mi suegro Capuleto
y yo no me inclino a frenar su prisa.
FRAY LORENZO
¿Decís que no sabéis lo que ella piensa?
Esto es muy irregular y no me gusta.
PARIS
Llora sin cesar la muerte de Tebaldo
y por eso de amor he hablado poco.
Venus no sonríe en la casa del dolor.
Señor, su padre juzga peligroso
que su pena llegue a dominarla
y, en su prudencia, apresura nuestra boda
por contener el torrente de sus lágrimas,
a las que ella es tan propensa si está sola
y que puede evitar la compañía.
Ahora ya sabéis la razón de la premura.
FRAY LORENZO
[aparte] Ojalá no supiera por qué hay que frenarla.-
­Mirad, señor: la dama viene a mi celda.

Entra JULIETA.

PARIS
Bien hallada, mi dama y esposa.
JULIETA
Señor, eso será cuando pueda ser esposa.
PARIS
Ese «pueda ser» ha de ser el jueves, mi amor.
JULIETA
Lo que ha de ser, será.
FRAY LORENZO
Un dicho muy cierto.
PARIS
¿Venís a confesaros con el padre?
JULIETA
Si contestase, me confesaría con vos.
PARIS
No podéis negarle que me amáis.
JULIETA
Voy a confesaros que le amo.
PARIS
También confesaréis que me amáis.
JULIETA
Si lo hago, valdrá más por ser dicho
a vuestras espaldas que a la cara.
PARIS
Pobre, no estropeéis vuestra cara con el llanto.
JULIETA
La victoria del llanto es bien pequeña:
antes de dañarla, mi cara valía poco.
PARIS
Decir eso la daña más que vuestro llanto.
JULIETA
Señor, lo que es cierto no es calumnia,
y lo que he dicho, me lo he dicho a la cara.
PARIS
Esa cara es mía y vos la calumniáis.
JULIETA
Tal vez, porque mía ya no es. 
Padre, ¿estáis desocupado
u os veo tras la misa vespertina?
FRAY LORENZO
Estoy desocupado, mi apenada hija. 
Señor, os rogaré que nos dejéis a solas.
PARIS
Dios me guarde de turbar la devoción. 
Julieta, os despertaré el jueves bien temprano.
Adiós hasta entonces y guardad mi santo beso.

Sale.

JULIETA
¡Ah, cerrad la puerta y llorad conmigo!
No queda esperanza, ni cura, ni ayuda.
FRAY LORENZO
Ah, Julieta, conozco bien tu pena;
me tiene dominada la razón.
Sé que el jueves tienes que casarte
con el conde, y que no se aplazará.
JULIETA
Padre, no me digáis que lo sabéis
sin decirme también cómo impedirlo.
Si, en vuestra prudencia, no me dais auxilio,
aprobad mi decisión y yo al instante
con este cuchillo pondré remedio a todo esto.
Dios unió mi corazón y el de Romeo,
vos nuestras manos y, antes que esta mano,
sellada con la suya, sea el sello de otro enlace
o este corazón se entregue a otro
con perfidia, esto acabará con ambos.
Así que, desde vuestra edad y experiencia,
dadme ya consejo, pues, si no, mirad,
este cuchillo será el árbitro que medie
entre mi angustia y mi persona con una decisión
que ni vuestra autoridad ni vuestro arte
han sabido alcanzar honrosamente.
Tardáis en hablar, y yo la muerte anhelo
si vuestra respuesta no me da un remedio.
FRAY LORENZO
¡Alto, hija! Veo un destello de esperanza,
mas requiere una acción tan peligrosa
como el caso que se trata de evitar.
Si, por no unirte al Conde Paris, tienes
fuerza de voluntad para matarte,
seguramente podrás acometer
algo afín a la muerte y evitar este oprobio,
pues por él la muerte has afrontado.
Si tú te atreves, yo te daré el remedio.
JULIETA
Antes que casarme con Paris, decidme
que salte desde las almenas de esa torre,
que pasee por sendas de ladrones, o que ande
donde viven las serpientes; encadenadme
con osos feroces o metedme de noche en un osario,
enterrada bajo huesos que crepiten,
miembros malolientes, calaveras sin mandíbula;
decidme que me esconda en un sepulcro,
en la mortaja de un recién enterrado...
Todo lo que me ha hecho temblar con sólo oírlo
pienso hacerlo sin duda ni temor
por seguir siéndole fiel a mi amado.
FRAY LORENZO
Entonces vete a casa, ponte alegre y di
que te casarás con Paris. Mañana es miércoles:
por la noche procura dormir sola;
no dejes que el ama duerma en tu aposento.
Cuando te hayas acostado, bébete
el licor destilado de este frasco.
Al punto recorrerá todas tus venas
un humor frío y soñoliento; el pulso
no podrá detenerlo y cesará;
ni aliento ni calor darán fe de que vives;
las rosas de tus labios y mejillas
serán pálida ceniza; tus párpados caerán
cual si la muerte cerrase el día de la vida;
tus miembros, privados de todo movimiento,
estarán más fríos y yertos que la muerte.
Y así quedarás cuarenta y dos horas
como efigie pasajera de la muerte,
para despertar como de un grato sueño.
Cuando por la mañana llegue el novio
para levantarte de tu lecho, estarás muerta.
Entonces, según los usos del país,
con tus mejores galas, en un féretro abierto,
serás llevada al viejo panteón
donde yacen los difuntos Capuletos.
Entre tanto, y mientras no despiertes,
por carta haré saber a Romeo nuestro plan
para que venga; él y yo asistiremos
a tu despertar, y esa misma noche
Romeo podrá llevarte a Mantua.
Esto te salvará de la deshonra,
si no hay veleidad ni miedo femenil
que frene tu valor al emprenderlo.
JULIETA
¡Dádmelo, dádmelo! No me habléis de miedo.
FRAY LORENZO
Bueno, vete. Sé firme, y suerte
en tu propósito. Ahora mismo mando un fraile
a Mantua con carta para tu marido.
JULIETA
Amor me dé fuerza, y ella me dé auxilio.
Adiós, buen padre.

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